
Algunas personas, son, sencillamente, lo que les han dicho que tienen que ser.

Dos monjes discutían acerca de una cuestión filosófica cuando su maestro pasó junto a ellos. Le detuvieron pidiéndole que dirimiese su desacuerdo. El primer monje expuso su comprensión, a lo que el maestro respondió: "Tienes razón".
El segundo monje protestó, y presentó sus argumentos, que eran justo los contrarios de los que el primer monje expusiera. El maestro respondió al segundo monje: "Tienes razón".
Un tercer monje que había estado escuchando, preguntó lleno de frustracción:
" Pero maestro, les ha dicho a ambos que tenían razón cuando sus explicaciones eran opuestas, y no es posible que ambos estén en lo cierto". El maestro replicó: "Tienes razón" :)))))))

Pregunta a Jorge Carvajal: “¿hasta cuándo tolerar?” Y su respuesta me iluminó bastante: “hasta no ser cómplices”.
Claro. Si tolero que mis amigos roben, eso me convierte en ladrón. Si tolero que me golpeen, eso me convierte en agresor. Si tolero que los soberbios humillen a la gente, eso me convierte en humillador y soberbio. Si tolero cualquier acto que atente en mi contra o de la sociedad, soy cómplice, y tan responsable como aquel que lo comete.


“Si un individuo está llamado a ser barrendero, debería hacerlo como Miguel Angel pintaba, o como Beethoven tocaba música, o como Shakespeare escribía poesía. Debería barrer tan bien que todos los ángeles de la tierra y del cielo se detengan para decir ‘ Aquí vivía un barrendero grande que hizo su trabajo bien’“

“Al final de cada día deja que se vaya. Has hecho lo que has podido. Seguro que has cometido algunos errores y hecho cosas absurdas, olvídalo lo antes posible. Mañana es un día nuevo, empiézalo bien.. con serenidad y con espíritu elevado.. y no te preocupes de tus antiguas tonterías. El día de hoy nace con la potencialidad de todo lo que es bueno. Vale demasiado con sus esperanzas e invitaciones para perder tiempo con el pasado”.

“Para mí, la cosa más importante en este mundo no es dónde nos encontramos sino el rumbo al que nos dirigimos. Para llegar al puerto del paraíso a veces tenemos que navegar a favor del viento y a veces en contra, pero debemos navegar y no ir a la deriva y tampoco estar anclados“.
